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RESISTENCIA A CISNEROS
Jura de la Junta Central de Sevilla (8 de enero de 1809).
Sin jurarla
expresamente, las autoridades de Buenos
Aires y Montevideo habían reconocido a la titulada "Junta Suprema de
España e Indias”, entidad municipal establecida en Sevilla a poco del
levantamiento contra Napoleón. Se lo hizo sin un estudio formal, y sólo
por la palabra de Goyeneche que se decía su representante. No era momento
de pensar mucho las cosas, y tanto los de Buenos Aires como los de
Montevideo querían pasar por más ortodoxos unos que otros apresurándose a
reconocer cualquier cosa. Como las noticias posteriores mostraron a España
profundamente dividida, la Audiencia de Charcas negó el reconocimiento de
Sevilla con disgusto de Liniers, para quien "viniendo de España debería
reconocerse aunque fuera un escuerzo". Con el mismo criterio debió tener
por virrey a Ruiz Huidobro, llegado en La Prueba en noviembre con
el título virreinal dado por otra "Junta Suprema", la de Galicia (que
también lo había ascendido a teniente general). Pero como Ruiz Huidobro no
estaba muy convencido de la legalidad de su título, se contentó con que se
lo restituyese como gobernador de Montevideo; maniobra para reemplazar a
Elío y su Junta que éstos no aceptaron. Debió quedarse en Buenos Aires a
la espera de un mejor destino. Hemos visto cómo el 1 de enero esperó ser
virrey interino al anunciarse la renuncia de Liniers.
El 6 de enero
(1809) llegaron pliegos con el establecimiento en Sevilla de la Junta
General Gubernativa del Reino. No era el momento de haber objeciones a
cinco días del 1 de enero, y ni Liniers ni la Audiencia regalista
querían hacerlo. Por bando del 7 se mandó pregonar el reconocimiento,
circulado a las demás intendencias y ciudades del virreinato; el 8 las
autoridades —obispo, canónigos, cabildo, oidores, altos funcionarios y
jefes militares— juran "reconocer en la Junta Central Gubernativa la
representación y autoridad Real de nuestro Augusto Soberano el Señor Don
Fernando VII, conservar la integridad y unión de España y estos
dominios y sostener invariable el sistema monárquico", párrafo para
que no hubiese duda que ya no quedaban "republicanos" en Buenos Aires.
Liniers juró con la tropa recordando "lo que hicisteis, hoy hace ocho
días". También hubo el tedeum de costumbre; sólo faltó la concurrencia
popular.
El conde de Buenos Aires.
La situación de Montevideo
preocupaba a la Junta Central, y la manera de resolverla sería el
reemplazo de Liniers y Elío. Todavía era grande el prestigio del primero
como héroe de la Reconquista, y se atribuían los díceres sobre su
bonapartismo a enemistades políticas pues las exterioridades lo mostraban
como un leal vasallo de Fernando VII. Pero estaba el desorden de su
administración, la vida cara, la falta de recursos financieros, y los
negociados de allegados al virrey. Se sabía que era honrado y pobre, pero
se lo juzgaba inepto y complaciente. Liniers había salvado a Buenos Aires,
ahora había que salvar a Buenos Aires de Liniers.
El 8 de febrero la Junta
ofreció el virreinato de Buenos Aires al ministro, almirante Antonio
Escaño, que no aceptó. Mientras se encontraba otro reemplazante, se busca
el modo de endulzar a Liniers la cesantía: el 13, en mérito a su actuación
en las invasiones, se le hizo merced de título de Castilla,
hereditario, con cien mil reales de renta.
El agraciado por una
"merced real" elegía un título de marqués o conde (iguales en la jerarquía
nobiliaria castellana) y proponía la denominación. Previo acuerdo del
Consejo de Castilla o de Indias era nombrado por el rey (en este paso por
la Junta).
Al recibir el 14 de mayo la
merced, Liniers optó por denominarse conde de Buenos Aires y así lo
comunicó a Sevilla.
Hubo un incidente.
El cabildo, formado por sarracenos, no perdió la ocasión de molestar a
Liniers y afirmar su porteñismo. Protestó "por abrogarse V. E. una especie
de señorío verdadero o aparente... que ofende los privilegios de esta
ciudad"; Liniers contestó "que es indiferente titularse conde o marqués
porque no arguye señorío... el honor y la dignidad están en la gracia de
título de Castilla y no en la denominación... que prueba sólo mi
agradecimiento a un pueblo, teatro de lo que debe hacerse en defensa de
estos dominios". El expediente, con la protesta del cabildo, fue a
Sevilla, pero la caída de la Junta en febrero de 1810 lo dejó sin
resolver. En 1812 el hijo mayor de Liniers, Luis, capitán de fragata, lo
reiniciaría, pero agraviado con la Junta de Buenos Aires que había
ordenado el fusilamiento de su padre, pidió que el título fuese sustituido
por conde de la Lealtad. Así lo concedió ese año el Consejo de Regencia.
Fernando VII, al volver al trono, restableció en 1817 la designación conde
de Buenos Aires, llevada desde entonces por los sucesores de Liniers
residentes en España.
El virrey Cisneros; sus instrucciones.
Cinco días antes de
otorgarse a Liniers la "merced de título de Castilla" la Junta Central
había ofrecido el 8 de febrero el virreinato al almirante Escaño, que no
aceptó. El 11 lo oferta a otro marino: el teniente general de la Real
Armada Baltasar Hidalgo de Cisneros, por entonces capitán general de
Cartagena y vicepresidente de su junta local.

Cisneros
Baltasar Hidalgo de
Cisneros y la Torre Ceijas y Jofré, caballero de la Orden de Carlos III,
era un marino de magnífica foja de servicios. Nacido en Cartagena en 1755,
entró en la carrera naval y tomó parte en muchas acciones de guerra. Su
comportamiento en Trafalgar, donde fue vicealmirante de la armada
española, rayó en el heroísmo: atacado su navío —la Santísima Trinidad—
por el buque insignia de Nelson —el Victory—, de muy superior poder de
fuego, junto con otros dos buques ingleses, Cisneros se negó a rendir y
aguantó cuatro horas hasta extinguirse su tripulación. Acabó por hundir el
buque. Gravemente herido, fue sacado del agua por los ingleses, que lo
devolvieron con todos los honores a su patria (desde entonces quedó sordo,
de allí que lo llamaran el sordo de Trafalgar). Fue ascendido a teniente
general de la Real Armada, el grado más alto de la marina española, y
retirado por invalidez. Lo sorprendió el nombramiento de virrey de Buenos
Aires siendo capitán general de Cartagena. El pueblo de esa ciudad se
opuso a su partida, pero Hidalgo de Cisneros debió cumplir el cometido de
poner paz en Buenos Aires y mantener —si era todavía posible— la unidad
del virreinato con España.
El 24 de marzo se le dieron
en Sevilla las instrucciones: se historiaba la situación entre Liniers y
Elío, mencionándose del primero su proclama dudosa al conocer lo ocurrido
en Bayona ("sigamos el ejemplo de nuestros antepasados en este dichoso
suelo"), para aclarar que "después que la España había tomado el partido
noble y generoso de conservar su constitución y no sujetarse al usurpador,
al momento se declaró a favor de la buena causa ... mandó quemar los
papeles sediciosos que llevó un emisario de Napoleón, etc., etc.
Mientras... el gobernador de Montevideo, ya sea por precipitación o por
miras ambiciosas, dio principio a las ocurrencias que han causado los
actuales disturbios... nombró una Junta de gobierno a imitación de las de
España... no sólo desconoció la autoridad sino que la desobedeció... una
especie de guerra civil... El pueblo no ha tomado parte en esta
contienda... la Real Audiencia y el obispo reprueban el establecimiento de
la Junta de Montevideo. S.M. (el tratamiento de la Junta de Sevilla) ha
resuelto su disolución... la existencia de estos cuerpos en América es
incompatible con las relaciones que subsisten entre ella y la metrópoli, y
con las circunstancias particulares de las mismas colonias... producirían
una revolución funesta en aquel hermoso país... (Además contra Liniers)
existen cargos de gravísimos abusos en todas las ramas de la
administración pública... la justicia exige su reforma etc. etc.".
Fuera de los motivos
administrativos, mencionados incidentalmente, la causa de la sustitución
de Liniers era solucionar el problema con Montevideo; no se le imputaba al
virrey el motivo del cisma, pero no estaba en condiciones de darle fin.
Pero a principios de abril, antes de la partida de Cisneros, llegó a
Sevilla la noticia del 1 de enero deformada con imputaciones gravísimas
contra Liniers. Se decía que estaba rodeado de franceses (en parte, era
verdad), que había izado en el Fuerte la bandera francesa el 1 de enero y
al frente de doce mil criollos ordenado el degüello de los españoles.
"La numerosa
concurrencia de la plaza de San Antonio —escribe Hilarión de la Quintana,
destacado por Liniers en Sevilla— se enardeció con tales noticias. Yo me
hallaba allí con Altolaguirre y Sarratea (Mariano) —los tres argentinos y
posiblemente con uniforme de cuerpos criollos—, el primero debió irse a la
casa de un comerciante, el segundo dio vuelta con el mayor silencio y
consiguió irse al Puerto de Santa María". De la Quintana escapó a Cádiz
presentándose con traje civil al gobernador, que le aconsejó "se fuera
inmediatamente, pues como ayudante de Liniers corría peligro de caer
victima de una pueblada".
Esas noticias y algunos
informes llegados a la Junta, movieron el 9 de abril a modificar las
instrucciones en un sentido favorable a Elío y opuesto a Liniers.
Se decía en los
adicionales "que la conducta de D. Santiago Liniers se iba haciendo cada
vez más sospechosa... se ha variado el concepto por posteriores datos...
Se sabe que contra el parecer y aun acuerdo de la Real Audiencia, Cabildo
y demás autoridades de Buenos Aires ha adoptado medidas de rigor para
reducir a Montevideo... los preparativos que hace el Virrey con pretexto
de las ocurrencias de
Montevideo se dirigen a aumentar sus
fuerzas con proyectos criminales; aumenta el número de sus tropas...
principalmente los granaderos de su propio nombre que forman su guardia de
honor... se rodea de franceses odiados por el pueblo... les confiere a
ellos y otros malvados los primeros grados militares, trata de granjearse
la estimación de la gente soez, oprime a los poderosos... comete toda
clase de injusticias... aumenta a pretexto de vigilancia las rondas y
patrullas... y todas estas cosas si no manifiestan claramente la idea de
levantarse con el mando, por lo menos exigen del gobierno
precauciones para evitarlo". En
consecuencia, sugerían a Cisneros "fortificar el partido del gobernador de
Montevideo, cuyo patriotismo parece indudable, lo mismo que el aura
popular que goza en Montevideo", aconsejando nombrarlo subinspector de
tropas (el cargo militar más alto del virreinato) y mandar a Liniers a
España "con un pretexto honroso". Lo alertaban contra las maniobras "de la
Corte de Portugal que está fomentando ocultamente las ideas de
independencia y abrigando todos los díscolos", mencionaban las intrigas
del carlotismo, y prevenían —por los informes llegados seguramente de
Elío— contra Pueyrredón, "hombre de mucho talento, relacionado con las
primeras familias del país, hijo de francés y cabeza acalorada... la
presencia de este sujeto en América es peligrosísima" debiendo remitírselo
a España o formarle causa para "averiguar sus delitos".
Cisneros en Montevideo; tentativa de resistirlo (julio).
El 2 de mayo se embarca
Cisneros en Cádiz acompañado del mariscal de campo Vicente Nieto, nuevo
gobernador de Montevideo. El 30 de junio está en Montevideo: disuelve sin
resistencia la Junta de gobierno, y el 6 de julio manda a su edecán Manuel
de Goicolea a Buenos Aires informando que estaría el 12 de julio en
Colonia.
El cabildo porteño
recibió con el alborozo imaginable la noticia —que llamó "placentera"— del
reemplazo de Liniers. Dispuso una comisión para dar los plácemes al nuevo
virrey, y de paso informar contra Liniers. Preparó una recepción fastuosa
para la entrada de Cisneros en Buenos Aires.

Cornelio
Saavedra
Goicolea habló de más, e
hizo saber que si bien la Junta de Montevideo había sido disuelta, Elío
habría de ser exaltado a jefe de las fuerzas militares y los tres tercios
sarracenos disueltos el 1 de enero serían restablecidos. Aseguró a
las familias de Álzaga y Santa Coloma que el nuevo virrey llegaría con
ellos. Se empezó contra los leales del 1 de enero una campaña de pasquines
que produjo en el partido criollo una "amenazadora efervescencia", hace
notar el espía Da Costa a Río de Janeiro; hubo reuniones de comandantes
(que el cabildo no dejó de saber, e informó a Cisneros las "escandalosas
ocurrencias"), donde Pueyrredón, que había retomado la comandancia de
Húsares después de su accidentado regreso de España —y esto había
producido un rozamiento con Martín Rodríguez, superado por las
conveniencias políticas—, incitaba a resistir al nuevo virrey.

Juan Manuel
Belgrano
Belgrano, con los
carlotistas, vieron la ocasión de pescar regencias portuguesas en el río
revuelto. Distanciado de Saavedra (desde que se sintió postergado al
elegirse a éste jefe de Patricios) había reiniciado los vínculos al
recibir una carta de la Infanta Carlota —que ya hemos visto gestionó Da
Costa— y lo visitó el 15 ó 16 de julio, "bien que temiendo me vendiese".
Según Saavedra, significó a Belgrano "mi conformidad con sus ideas, mas
excusándome de dar la cara para promoverlas ni propagarlas, asegurándole
no sería opositor a ellas". El comandante de Patricios quiso entenderse
directamente con la princesa, como hemos visto. Como se estaba en plena
conspiración contra Cisneros, Belgrano incitó a Saavedra a resistirlo con
las tropas de Buenos Aires; Saavedra contestó "que lo pensaría" cuando ya
andaba en los complots y se había puesto en contacto con los portugueses a
quienes aseguraba "tener dispuestos los ánimos de todos los cuerpos" para
resistir al virrey. Se expresaba con ellos como carlotista —sin
independencia, tal vez por no ser tan ingenuo como los otros—, con esta
reflexión trasmitida por Da Costa: "Si España vuelve a ser España y la
gobierna Fernando VII, volveremos a ser lo que éramos como lo promete la
Señora en sus manifiestos; y si así no fuese entonces seremos todos
portugueses porque otra cosa es locura".
A principios de julio había
habido una reunión para planear la resistencia (que no menciona Belgrano
en sus Memorias, o confunde con otra posterior), donde fueron Belgrano,
Pueyrredón, Díaz Vélez, Viamonte, Urien, Terrada, Azcuénaga y Martín
Rodríguez entre los militares, y Castelli, Passo, Nicolás Rodríguez Peña y
Vicente Anastasio Echevarría entre los civiles. Faltaron Saavedra y Pedro
Andrés García (comandante de Montañeses), aquél por estar enfermo y éste
por haber sido citado por Liniers; pero se los sabía —según los informes
de Da Costa— "absolutamente decididos a oponerse a Cisneros". En la
reunión hubo dos opiniones: Belgrano, Pueyrredón, Castelli, Passo,
Rodríguez Peña y Viamonte eran revolucionarios y querían dar "un paso de
inobediencia al ilegítimo gobierno de España" sosteniendo a Liniers contra
Cisneros; los otros siguieron a Echevarría, a quien le pareció
"intempestiva y poco sensata en el momento" una ruptura que "llevaría a
una guerra civil". Belgrano, Castelli, Pueyrredón y los suyos abandonaron
la reunión, "declarando alto y en voz fuerte que actuarían con libertad y
como pensaban" (informe de Da Costa a Río de Janeiro). Mientras tanto,
Liniers ha mandado llamar a Saavedra y García (aquél se excusa por
enfermedad) para decirles que no contasen con su apoyo para resistir al
nuevo virrey, proponiendo tratar pacíficamente la seguridad de los cuerpos
y sus comandantes. Al salir García, "entraron —dice el espía portugués— la
comisión de patriotas que se proponían obrar revolucionariamente"; pero
las palabras del virrey saliente demostraron —dice Belgrano— "que Liniers
no tenía espíritu, ni reconocimiento a los americanos que lo habían
elevado y sostenido y ahora lo querían por mandón... abrigaba, por opinión
o por el prurito de todo europeo, mantenernos en el abatimiento o en la
esclavitud".
Desde el 19 de junio se
conocía en Buenos Aires el levantamiento de Charcas y la deposición de las
autoridades. Se habló de hacer algo semejante. No se pensó que en Charcas
se había hecho contra los carlotistas, y en Buenos Aires sería en
favor de éstos; sólo pensaron en el hecho de la revolución. Como Liniers
no quiere resistir a Cisneros, se habló de formar una Junta
Conservadora "para mantener estos dominios bajo la soberanía del Sr.
D. Fernando VII" que podría integrarse con el "virrey entrante si
estuviera de acuerdo". La Junta, una vez afirmada, mandaría llamar a la
infanta Carlota. Otros, por no estar con el carlotismo, propusieron
un Triunvirato, con Pueyrredón en representación de los criollos,
el concuñado de Liniers, Lázaro do Rivera, como hombre de la confianza de
éste, y el oidor decano Dr. Tomás de Anzoátegui por los regalistas.
No pasó de proyecto, esperándose una reunión de los comandantes de
cuerpos. Pueyrredón, en cuya casa se hacían las reuniones, dijo "que era
preciso no contar sólo con la fuerza sino con los pueblos". Saavedra opinó
por resistir a Cisneros, pero fue contradicho por García y los demás, que
"sólo trataban de su interés particular" (dice Belgrano en sus Memorias,
agregando: "no es posible que semejantes hombres trabajen por la libertad
del país"). Finalmente, Saavedra, "carácter apagado", —con indignación de
Belgrano y Pueyrredón— se plegó a sus compañeros de armas. Se resolvió
entonces que Martín Rodríguez fuese con Liniers a Colonia a tratar con
Cisneros sobre la seguridad de los jefes de cuerpos criollos.
El despecho de los
portugueses contra Saavedra y García llevó a que Da Costa insinuase a
Coutinho: "Desconfiase (en Buenos Aires) que los dos fueron comprados". No
sería, precisamente, el partido contrario a Carlota, el que tenía dinero
para comprar voluntades. Saavedra cedió por encontrar a sus camaradas
vacilantes, y por haber sabido por Pedro Andrés García la opinión de
Liniers. Con el fracaso de la resistencia a Cisneros cesó también el
carlotismo de Saavedra, no así el de Belgrano y Pueyrredón.
Cisneros en Colonia.
El nuevo virrey tenía
recelos de entrar en Buenos Aires hasta no aclarar las cosas. Durante su
estada en Montevideo pudo informarse de mucho, escapado a la Junta
Central; entre otras cosas, que Liniers no era hombre de hacer
resistencia, y menos si lo trataban con tacto. Y que no convenía el
nombramiento de Ello en el cargo militar indicado en Sevilla.
El 12 de julio está en
Colonia, donde lo esperaban las comisiones de la audiencia y el cabildo de
Buenos Aires, que al día siguiente le prestan juramento de obedecerle. Se
lo entera de lo que ocurre en Buenos Aires, y espera a Liniers que ha
fijado su llegada para el 15; por las dudas manda a Nieto a Buenos Aires a
hacerse cargo de las fuerzas militares.
Nieto llegó a Buenos
Aires el 19 a la noche; el 20 tomó posesión; el 23 ordenó, en virtud de
sus instrucciones, el apresamiento de Pueyrredón, detenido en el cuartel
de Patricios (al decir de Belgrano, Pueyrredón creyó que por su detención
"se alzaría la voz Patria; pero yo —Belgrano—, que había conocido a todos
los comandantes y su debilidad, creí que lo dejarían abandonado a los
tiranos, como hubiera ocurrido si manos intermedias no trabajaron por su
libertad”).
El 25 Liniers está en
Colonia. La entrevista de Liniers y Cisneros es afectuosa. Éste lo
encontrará "inepto pero no infidente", informa a Sevilla. Liniers obtiene
del nuevo virrey que las milicias y sus comandantes no fueran modificados,
y que Elío no hubiera de ser subinspector. Trató las condiciones de su
retiro, que Cisneros acepta de plano, pero resiste a irse '"con una misión
honrosa a España" como le pide Cisneros.
El retiro de
Liniers (retribuciones a los virreyes y su familia después de cumplida su
función) consistiría en 6.000 pesos plata anuales, que se acumularían a su
sueldo de jefe de escuadra y pensión de "título de Castilla"; grado de
capitán de fragata para su hijo mayor, capitán del Fijo para el siguiente,
y tenientes a los menores; cada hija tendría 5.000 pesos anuales de
pensión vitalicia.
El 29 de julio llega
Cisneros a Buenos Aires. El recibimiento preparado por el cabildo es
grandioso, y se desborda el entusiasmo popular.
Belgrano al
ver "que Cisneros era recibido con tanta bajeza por mis paisanos" optó por
irse a la Banda Oriental. Pueyrredón conseguiría fugar de las
Temporalidades (ayudado por las "manos intermedias" de Belgrano), va a Río
de Janeiro con una misión ante la infanta Carlota y Coutinho, que lo
tratan con despego. Liniers irá a Córdoba mientras prepara su viaje
a España, postergado para su desgracia varias veces. La noticia de la
irrupción de los franceses en Andalucía lo hará inútil en mayo de 1810. |