José MARÍA
RoSA

Los Últimos Años Españoles

HISTORIA
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de 1808


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España en
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del Alto Perú


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Historia


 

RESISTENCIA A CISNEROS

Jura de la Junta Central de Sevilla (8 de enero de 1809).

Sin jurarla expresamente, las autoridades de Buenos Aires y Montevideo habían reconocido a la titulada "Junta Suprema de España e Indias”, entidad municipal establecida en Sevilla a poco del levantamiento contra Napoleón. Se lo hizo sin un estudio formal, y sólo por la palabra de Goyeneche que se decía su representante. No era momento de pensar mucho las cosas, y tanto los de Buenos Aires como los de Montevideo querían pasar por más ortodoxos unos que otros apresurándose a reconocer cualquier cosa. Como las noticias posteriores mostraron a España profundamente dividida, la Audiencia de Charcas negó el reconocimiento de Sevilla con disgusto de Liniers, para quien "viniendo de España debería reconocerse aunque fuera un escuerzo". Con el mismo criterio debió tener por virrey a Ruiz Huidobro, llegado en La Prueba en noviembre con el título virreinal dado por otra "Junta Suprema", la de Galicia (que también lo había ascendido a teniente general). Pero como Ruiz Huidobro no estaba muy convencido de la legalidad de su título, se contentó con que se lo restituyese como gobernador de Montevideo; maniobra para reemplazar a Elío y su Junta que éstos no aceptaron. Debió quedarse en Buenos Aires a la espera de un mejor destino. Hemos visto cómo el 1 de enero esperó ser virrey interino al anunciarse la renuncia de Liniers.

El 6 de enero (1809) llegaron pliegos con el establecimiento en Sevilla de la Junta General Gubernativa del Reino. No era el momento de haber objeciones a cinco días del 1 de enero, y ni Liniers ni la Audiencia regalista querían hacerlo. Por bando del 7 se mandó pregonar el reconocimiento, circulado a las demás intendencias y ciudades del virreinato; el 8 las autoridades —obispo, canónigos, cabildo, oidores, altos funcionarios y jefes militares— juran "reconocer en la Junta Central Gubernativa la representación y autoridad Real de nuestro Augusto Soberano el Señor Don Fernando VII, conservar la integridad y unión de España y estos dominios y sostener invariable el sistema monárquico", párrafo para que no hubiese duda que ya no quedaban "republicanos" en Buenos Aires. Liniers juró con la tropa recordando "lo que hicisteis, hoy hace ocho días". También hubo el tedeum de costumbre; sólo faltó la concurrencia popular.

El conde de Buenos Aires.

La situación de Montevideo preocupaba a la Junta Central, y la manera de resolverla sería el reemplazo de Liniers y Elío. Todavía era grande el prestigio del primero como héroe de la Reconquista, y se atribuían los díceres sobre su bonapartismo a enemistades políticas pues las exterioridades lo mostraban como un leal vasallo de Fernando VII. Pero estaba el desorden de su administración, la vida cara, la falta de recursos financieros, y los negociados de allegados al virrey. Se sabía que era honrado y pobre, pero se lo juzgaba inepto y complaciente. Liniers había salvado a Buenos Aires, ahora había que salvar a Buenos Aires de Liniers.

El 8 de febrero la Junta ofreció el virreinato de Buenos Aires al ministro, almirante Antonio Escaño, que no aceptó. Mientras se encontraba otro reemplazante, se busca el modo de endulzar a Liniers la cesantía: el 13, en mérito a su actuación en las invasiones, se le hizo merced de título de Castilla, hereditario, con cien mil reales de renta.

El agraciado por una "merced real" elegía un título de marqués o conde (iguales en la jerarquía nobiliaria castellana) y proponía la denominación. Previo acuerdo del Consejo de Castilla o de Indias era nombrado por el rey (en este paso por la Junta).

Al recibir el 14 de mayo la merced, Liniers optó por denominarse conde de Buenos Aires y así lo comunicó a Sevilla.

Hubo un incidente. El cabildo, formado por sarracenos, no perdió la ocasión de molestar a Liniers y afirmar su porteñismo. Protestó "por abrogarse V. E. una especie de señorío verdadero o aparente... que ofende los privilegios de esta ciudad"; Liniers contestó "que es indiferente titularse conde o marqués porque no arguye señorío... el honor y la dignidad están en la gracia de título de Castilla y no en la denominación... que prueba sólo mi agradecimiento a un pueblo, teatro de lo que debe hacerse en defensa de estos dominios". El expediente, con la protesta del cabildo, fue a Sevilla, pero la caída de la Junta en febrero de 1810 lo dejó sin resolver. En 1812 el hijo mayor de Liniers, Luis, capitán de fragata, lo reiniciaría, pero agraviado con la Junta de Buenos Aires que había ordenado el fusilamiento de su padre, pidió que el título fuese sustituido por conde de la Lealtad. Así lo concedió ese año el Consejo de Regencia. Fernando VII, al volver al trono, restableció en 1817 la designación conde de Buenos Aires, llevada desde entonces por los sucesores de Liniers residentes en España.

El virrey Cisneros; sus instrucciones.

Cinco días antes de otorgarse a Liniers la "merced de título de Castilla" la Junta Central había ofrecido el 8 de febrero el virreinato al almirante Escaño, que no aceptó. El 11 lo oferta a otro marino: el teniente general de la Real Armada Baltasar Hidalgo de Cisneros, por entonces capitán general de Cartagena y vicepresidente de su junta local.


Cisneros

Baltasar Hidalgo de Cisneros y la Torre Ceijas y Jofré, caballero de la Orden de Carlos III, era un marino de magnífica foja de servicios. Nacido en Cartagena en 1755, entró en la carrera naval y tomó parte en muchas acciones de guerra. Su comportamiento en Trafalgar, donde fue vicealmirante de la armada española, rayó en el heroísmo: atacado su navío —la Santísima Trinidad— por el buque insignia de Nelson —el Victory—, de muy superior poder de fuego, junto con otros dos buques ingleses, Cisneros se negó a rendir y aguantó cuatro horas hasta extinguirse su tripulación. Acabó por hundir el buque. Gravemente herido, fue sacado del agua por los ingleses, que lo devolvieron con todos los honores a su patria (desde entonces quedó sordo, de allí que lo llamaran el sordo de Trafalgar). Fue ascendido a teniente general de la Real Armada, el grado más alto de la marina española, y retirado por invalidez. Lo sorprendió el nombramiento de virrey de Buenos Aires siendo capitán general de Cartagena. El pueblo de esa ciudad se opuso a su partida, pero Hidalgo de Cisneros debió cumplir el cometido de poner paz en Buenos Aires y mantener —si era todavía posible— la unidad del virreinato con España.

El 24 de marzo se le dieron en Sevilla las instrucciones: se historiaba la situación entre Liniers y Elío, mencionándose del primero su proclama dudosa al conocer lo ocurrido en Bayona ("sigamos el ejemplo de nuestros antepasados en este dichoso suelo"), para aclarar que "después que la España había tomado el partido noble y generoso de conservar su constitución y no sujetarse al usurpador, al momento se declaró a favor de la buena causa ... mandó quemar los papeles sediciosos que llevó un emisario de Napoleón, etc., etc. Mientras... el gobernador de Montevideo, ya sea por precipitación o por miras ambiciosas, dio principio a las ocurrencias que han causado los actuales disturbios... nombró una Junta de gobierno a imitación de las de España... no sólo desconoció la autoridad sino que la desobedeció... una especie de guerra civil... El pueblo no ha tomado parte en esta contienda... la Real Audiencia y el obispo reprueban el establecimiento de la Junta de Montevideo. S.M. (el tratamiento de la Junta de Sevilla) ha resuelto su disolución... la existencia de estos cuerpos en América es incompatible con las relaciones que subsisten entre ella y la metrópoli, y con las circunstancias particulares de las mismas colonias... producirían una revolución funesta en aquel hermoso país... (Además contra Liniers) existen cargos de gravísimos abusos en todas las ramas de la administración pública... la justicia exige su reforma etc. etc.".

Fuera de los motivos administrativos, mencionados incidentalmente, la causa de la sustitución de Liniers era solucionar el problema con Montevideo; no se le imputaba al virrey el motivo del cisma, pero no estaba en condiciones de darle fin. Pero a principios de abril, antes de la partida de Cisneros, llegó a Sevilla la noticia del 1 de enero deformada con imputaciones gravísimas contra Liniers. Se decía que estaba rodeado de franceses (en parte, era verdad), que había izado en el Fuerte la bandera francesa el 1 de enero y al frente de doce mil criollos ordenado el degüello de los españoles.

"La numerosa concurrencia de la plaza de San Antonio —escribe Hilarión de la Quintana, destacado por Liniers en Sevilla— se enardeció con tales noticias. Yo me hallaba allí con Altolaguirre y Sarratea (Mariano) —los tres argentinos y posiblemente con uniforme de cuerpos criollos—, el primero debió irse a la casa de un comerciante, el segundo dio vuelta con el mayor silencio y consiguió irse al Puerto de Santa María". De la Quintana escapó a Cádiz presentándose con traje civil al gobernador, que le aconsejó "se fuera inmediatamente, pues como ayudante de Liniers corría peligro de caer victima de una pueblada".

Esas noticias y algunos informes llegados a la Junta, movieron el 9 de abril a modificar las instrucciones en un sentido favorable a Elío y opuesto a Liniers.

Se decía en los adicionales "que la conducta de D. Santiago Liniers se iba haciendo cada vez más sospechosa... se ha variado el concepto por posteriores datos... Se sabe que contra el parecer y aun acuerdo de la Real Audiencia, Cabildo y demás autoridades de Buenos Aires ha adoptado medidas de rigor para reducir a Montevideo... los preparativos que hace el Virrey con pretexto de las ocurrencias de Montevideo se dirigen a aumentar sus fuerzas con proyectos criminales; aumenta el número de sus tropas... principalmente los granaderos de su propio nombre que forman su guardia de honor... se rodea de franceses odiados por el pueblo... les confiere a ellos y otros malvados los primeros grados militares, trata de granjearse la estimación de la gente soez, oprime a los poderosos... comete toda clase de injusticias... aumenta a pretexto de vigilancia las rondas y patrullas... y todas estas cosas si no manifiestan claramente la idea de levantarse con el mando, por lo menos exigen del gobierno precauciones para evitarlo". En consecuencia, sugerían a Cisneros "fortificar el partido del gobernador de Montevideo, cuyo patriotismo parece indudable, lo mismo que el aura popular que goza en Montevideo", aconsejando nombrarlo subinspector de tropas (el cargo militar más alto del virreinato) y mandar a Liniers a España "con un pretexto honroso". Lo alertaban contra las maniobras "de la Corte de Portugal que está fomentando ocultamente las ideas de independencia y abrigando todos los díscolos", mencionaban las intrigas del carlotismo, y prevenían —por los informes llegados seguramente de Elío— contra Pueyrredón, "hombre de mucho talento, relacionado con las primeras familias del país, hijo de francés y cabeza acalorada... la presencia de este sujeto en América es peligrosísima" debiendo remitírselo a España o formarle causa para "averiguar sus delitos".

Cisneros en Montevideo; tentativa de resistirlo (julio).

El 2 de mayo se embarca Cisneros en Cádiz acompañado del mariscal de campo Vicente Nieto, nuevo gobernador de Montevideo. El 30 de junio está en Montevideo: disuelve sin resistencia la Junta de gobierno, y el 6 de julio manda a su edecán Manuel de Goicolea a Buenos Aires informando que estaría el 12 de julio en Colonia.

El cabildo porteño recibió con el alborozo imaginable la noticia —que llamó "placentera"— del reemplazo de Liniers. Dispuso una comisión para dar los plácemes al nuevo virrey, y de paso informar contra Liniers. Preparó una recepción fastuosa para la entrada de Cisneros en Buenos Aires.


Cornelio Saavedra

Goicolea habló de más, e hizo saber que si bien la Junta de Montevideo había sido disuelta, Elío habría de ser exaltado a jefe de las fuerzas militares y los tres tercios sarracenos disueltos el 1 de enero serían restablecidos. Aseguró a las familias de Álzaga y Santa Coloma que el nuevo virrey llegaría con ellos. Se empezó contra los leales del 1 de enero una campaña de pasquines que produjo en el partido criollo una "amenazadora efervescencia", hace notar el espía Da Costa a Río de Janeiro; hubo reuniones de comandantes (que el cabildo no dejó de saber, e informó a Cisneros las "escandalosas ocurrencias"), donde Pueyrredón, que había retomado la comandancia de Húsares después de su accidentado regreso de España —y esto había producido un rozamiento con Martín Rodríguez, superado por las conveniencias políticas—, incitaba a resistir al nuevo virrey.


Juan Manuel Belgrano

Belgrano, con los carlotistas, vieron la ocasión de pescar regencias portuguesas en el río revuelto. Distanciado de Saavedra (desde que se sintió postergado al elegirse a éste jefe de Patricios) había reiniciado los vínculos al recibir una carta de la Infanta Carlota —que ya hemos visto gestionó Da Costa— y lo visitó el 15 ó 16 de julio, "bien que temiendo me vendiese". Según Saavedra, significó a Belgrano "mi conformidad con sus ideas, mas excusándome de dar la cara para promoverlas ni propagarlas, asegurándole no sería opositor a ellas". El comandante de Patricios quiso entenderse directamente con la princesa, como hemos visto. Como se estaba en plena conspiración contra Cisneros, Belgrano incitó a Saavedra a resistirlo con las tropas de Buenos Aires; Saavedra contestó "que lo pensaría" cuando ya andaba en los complots y se había puesto en contacto con los portugueses a quienes aseguraba "tener dispuestos los ánimos de todos los cuerpos" para resistir al virrey. Se expresaba con ellos como carlotista —sin independencia, tal vez por no ser tan ingenuo como los otros—, con esta reflexión trasmitida por Da Costa: "Si España vuelve a ser España y la gobierna Fernando VII, volveremos a ser lo que éramos como lo promete la Señora en sus manifiestos; y si así no fuese entonces seremos todos portugueses porque otra cosa es locura".

A principios de julio había habido una reunión para planear la resistencia (que no menciona Belgrano en sus Memorias, o confunde con otra posterior), donde fueron Belgrano, Pueyrredón, Díaz Vélez, Viamonte, Urien, Terrada, Azcuénaga y Martín Rodríguez entre los militares, y Castelli, Passo, Nicolás Rodríguez Peña y Vicente Anastasio Echevarría entre los civiles. Faltaron Saavedra y Pedro Andrés García (comandante de Montañeses), aquél por estar enfermo y éste por haber sido citado por Liniers; pero se los sabía —según los informes de Da Costa— "absolutamente decididos a oponerse a Cisneros". En la reunión hubo dos opiniones: Belgrano, Pueyrredón, Castelli, Passo, Rodríguez Peña y Viamonte eran revolucionarios y querían dar "un paso de inobediencia al ilegítimo gobierno de España" sosteniendo a Liniers contra Cisneros; los otros siguieron a Echevarría, a quien le pareció "intempestiva y poco sensata en el momento" una ruptura que "llevaría a una guerra civil". Belgrano, Castelli, Pueyrredón y los suyos abandonaron la reunión, "declarando alto y en voz fuerte que actuarían con libertad y como pensaban" (informe de Da Costa a Río de Janeiro). Mientras tanto, Liniers ha mandado llamar a Saavedra y García (aquél se excusa por enfermedad) para decirles que no contasen con su apoyo para resistir al nuevo virrey, proponiendo tratar pacíficamente la seguridad de los cuerpos y sus comandantes. Al salir García, "entraron —dice el espía portugués— la comisión de patriotas que se proponían obrar revolucionariamente"; pero las palabras del virrey saliente demostraron —dice Belgrano— "que Liniers no tenía espíritu, ni reconocimiento a los americanos que lo habían elevado y sostenido y ahora lo querían por mandón... abrigaba, por opinión o por el prurito de todo europeo, mantenernos en el abatimiento o en la esclavitud".

Desde el 19 de junio se conocía en Buenos Aires el levantamiento de Charcas y la deposición de las autoridades. Se habló de hacer algo semejante. No se pensó que en Charcas se había hecho contra los carlotistas, y en Buenos Aires sería en favor de éstos; sólo pensaron en el hecho de la revolución. Como Liniers no quiere resistir a Cisneros, se habló de formar una Junta Conservadora "para mantener estos dominios bajo la soberanía del Sr. D. Fernando VII" que podría integrarse con el "virrey entrante si estuviera de acuerdo". La Junta, una vez afirmada, mandaría llamar a la infanta Carlota. Otros, por no estar con el carlotismo, propusieron un Triunvirato, con Pueyrredón en representación de los criollos, el concuñado de Liniers, Lázaro do Rivera, como hombre de la confianza de éste, y el oidor decano Dr. Tomás de Anzoátegui por los regalistas. No pasó de proyecto, esperándose una reunión de los comandantes de cuerpos. Pueyrredón, en cuya casa se hacían las reuniones, dijo "que era preciso no contar sólo con la fuerza sino con los pueblos". Saavedra opinó por resistir a Cisneros, pero fue contradicho por García y los demás, que "sólo trataban de su interés particular" (dice Belgrano en sus Memorias, agregando: "no es posible que semejantes hombres trabajen por la libertad del país"). Finalmente, Saavedra, "carácter apagado", —con indignación de Belgrano y Pueyrredón— se plegó a sus compañeros de armas. Se resolvió entonces que Martín Rodríguez fuese con Liniers a Colonia a tratar con Cisneros sobre la seguridad de los jefes de cuerpos criollos.

El despecho de los portugueses contra Saavedra y García llevó a que Da Costa insinuase a Coutinho: "Desconfiase (en Buenos Aires) que los dos fueron comprados". No sería, precisamente, el partido contrario a Carlota, el que tenía dinero para comprar voluntades. Saavedra cedió por encontrar a sus camaradas vacilantes, y por haber sabido por Pedro Andrés García la opinión de Liniers. Con el fracaso de la resistencia a Cisneros cesó también el carlotismo de Saavedra, no así el de Belgrano y Pueyrredón.

Cisneros en Colonia.

El nuevo virrey tenía recelos de entrar en Buenos Aires hasta no aclarar las cosas. Durante su estada en Montevideo pudo informarse de mucho, escapado a la Junta Central; entre otras cosas, que Liniers no era hombre de hacer resistencia, y menos si lo trataban con tacto. Y que no convenía el nombramiento de Ello en el cargo militar indicado en Sevilla.

El 12 de julio está en Colonia, donde lo esperaban las comisiones de la audiencia y el cabildo de Buenos Aires, que al día siguiente le prestan juramento de obedecerle. Se lo entera de lo que ocurre en Buenos Aires, y espera a Liniers que ha fijado su llegada para el 15; por las dudas manda a Nieto a Buenos Aires a hacerse cargo de las fuerzas militares.

Nieto llegó a Buenos Aires el 19 a la noche; el 20 tomó posesión; el 23 ordenó, en virtud de sus instrucciones, el apresamiento de Pueyrredón, detenido en el cuartel de Patricios (al decir de Belgrano, Pueyrredón creyó que por su detención "se alzaría la voz Patria; pero yo —Belgrano—, que había conocido a todos los comandantes y su debilidad, creí que lo dejarían abandonado a los tiranos, como hubiera ocurrido si manos intermedias no trabajaron por su libertad”).

El 25 Liniers está en Colonia. La entrevista de Liniers y Cisneros es afectuosa. Éste lo encontrará "inepto pero no infidente", informa a Sevilla. Liniers obtiene del nuevo virrey que las milicias y sus comandantes no fueran modificados, y que Elío no hubiera de ser subinspector. Trató las condiciones de su retiro, que Cisneros acepta de plano, pero resiste a irse '"con una misión honrosa a España" como le pide Cisneros.

El retiro de Liniers (retribuciones a los virreyes y su familia después de cumplida su función) consistiría en 6.000 pesos plata anuales, que se acumularían a su sueldo de jefe de escuadra y pensión de "título de Castilla"; grado de capitán de fragata para su hijo mayor, capitán del Fijo para el siguiente, y tenientes a los menores; cada hija tendría 5.000 pesos anuales de pensión vitalicia.

El 29 de julio llega Cisneros a Buenos Aires. El recibimiento preparado por el cabildo es grandioso, y se desborda el entusiasmo popular.

Belgrano al ver "que Cisneros era recibido con tanta bajeza por mis paisanos" optó por irse a la Banda Oriental. Pueyrredón conseguiría fugar de las Temporalidades (ayudado por las "manos intermedias" de Belgrano), va a Río de Janeiro con una misión ante la infanta Carlota y Coutinho, que lo tratan con despego. Liniers irá a Córdoba mientras prepara su viaje a España, postergado para su desgracia varias veces. La noticia de la irrupción de los franceses en Andalucía lo hará inútil en mayo de 1810.


 

02/12/2011

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18/02/2012