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CRISIS ESPAÑOLA DE 1808
Tratado de
Tilsitt (julio de 1807).
Alentado por el
triunfo de Austerlitz (2 de diciembre de 1805), Napoleón se siente el
dueño de Europa y quiere imponerse al rey de Prusia, que le responde con
la guerra. El emperador francés deshace a los prusianos en Jena (14
de octubre de 1806), y nuevamente a los rusos en Friedland (14 de
junio de 1807). Reduce a sus enemigos del continente a aceptarle la paz
de Tilsitt (8 de julio de 1807): hegemonía a occidente del
Niemen (Rusia la tendría a oriente), y tanto Rusia como Prusia, Austria y
los nuevos reinos germánicos (Westfalia, donde era rey su hermano
Jerónimo, y Sajonia, dado a su aliado el duque del mismo nombre) aceptarán
el "bloqueo'' contra las mercaderías inglesas.
En los artículos
secretos de Tilsitt se reservaba Napoleón actuar contra Portugal y
España. Aquél era aliado secular de Inglaterra, y antes se había convenido
secretamente con Godoy su división en tres partes, dándose una al Príncipe
de la Paz, otra a los Borbones de Etruria despojados de su reino por los
franceses, y la tercera a España, mientras las colonias, Brasil inclusive,
pasarían a Francia. Pero la conducta dubitativa de Godoy en la guerra, que
se dejó corromper por las dádivas del embajador ruso, conde Strogoff, para
sumarse a los enemigos de Francia, tenia molesto a Napoleón que consigue
en Tilsitt le permitan disponer de la monarquía española.
Invasión de
Portugal. La familia real en Brasil (29 de octubre de 1807). Libertad de
comercio.
Libre de sus
enemigos del este de Europa, Napoleón prepara la ocupación de Portugal y
España, que el tratado de Tilsitt le permite. Será inútil que el príncipe
regente de Portugal (el futuro Juan VI) se adhiera el 20 de octubre de
1807, ante el peligro, al "bloqueo continental" contra Inglaterra
rompiendo aparentemente su secular alianza. No va a detener a Napoleón;
tampoco su declaración es sincera, sino un expediente para ganar tiempo.
Contemporáneamente —22 de octubre— el embajador inglés en Lisboa, lord
Strangford, hace firmar al regente un convenio secreto por el que
Inglaterra trasladaría la familia real a Brasil, y Portugal la compensaba
con la isla Madera como base naval y un puerto en Santa Catalina "u otro
punto de Brasil" para la venta de mercaderías inglesas.
El
regente portugués demorará la ratificación del convenio del 22 de octubre
hasta tener la seguridad de la invasión francesa. Conocido el tratado
franco-español de Fontainebleau, ratifica el suyo con Inglaterra el 9 de
noviembre.
El 27 de octubre
Napoleón concluye con el embajador español el tratado de
Fontainebleau, aparentemente para repartirse Portugal, y en realidad para
ocupar militarmente toda la península. En su cumplimiento las tropas
españolas de Garrafa y las francesas del mariscal Junot, inician la
invasión a Portugal el 19 de noviembre; el 27, el almirante inglés Sydney
Smith, de estación en Lisboa, compele a la familia real portuguesa a
embarcarse bajo amenaza de bombardear la ciudad. El 29, al entrar las
tropas de Junot en Lisboa, la escuadra inglesa se desliza Tajo afuera con
la corte portuguesa: la reina María, que estaba loca y se resistía a ir,
su hijo Juan, regente del reino, su esposa Carlota Joaquina (hija de
Carlos IV), los hijos de ambos, Pedro (futuro emperador de Brasil) y
Miguel, y otros infantes. También van los ministros y funcionarios de la
corte.
Después de
recalar en Madera, donde ondeaba ya la bandera inglesa, la familia real
llegó el 23 de enero (de 1808) a Bahía. Allí, en cumplimiento del tratado
secreto con Strangford, el regente portugués da el 28 de enero (1808) un
decreto que abría "al libre comercio con todas las naciones amigas"
(es decir, con Inglaterra) los puertos brasileños. Después sigue a Río de
Janeiro, donde la corte quedó instalada el 8 de mayo.
Los franceses
ocupan España (noviembre de 1807 a febrero de 1808).
Tras el primer
cuerpo francés, el de Junot, que ocupa Portugal y se establece en Lisboa
el 28 de noviembre sin lucha alguna, entran otros que muestran a las
claras las intenciones de Napoleón. El 22 de diciembre Dupont se instala
en Valladolid, el 9 de enero Moncey se establece en Burgos, el 16 de
febrero Darmagnac en Pamplona y el 28 de febrero Duhesne en Barcelona.
Son 100.000 los franceses que hay en España bajo el comando superior del
cuñado de Napoleón, el lugarteniente Joaquín Murat, gran duque de Berg. A
un pedido de explicaciones de Godoy, Napoleón contesta que lo hace por el
peligro de una invasión inglesa desde Cádiz.
Intriga del
Escorial (octubre de 1807).
Mientras los
franceses ocupan el norte de España, se desenvuelve en El Escorial,
donde la corte española pasa el otoño, una oscura intriga contra el
príncipe heredero Fernando, que viene a sumar un motivo más a la ansiedad
del pueblo español.
La enemistad de
Fernando hacia Godoy era pública. En parte por las relaciones del Príncipe
de la Paz con la reina María Luisa y el
sometimiento en que tenía al
excesivamente bondadoso Carlos IV, y en parto porque había empezado a
formarse en la corte un partido antifrancés que encontró su cabeza en
Fernando.
El carácter de
Fernando era tortuoso: arrogante y cruel en el poder, sumiso hasta el
servilismo careciendo de él. Llevado por su enemistad a Godoy, y pese a
estar rodeado de antifranceses, pensó en la alianza de Napoleón pidiéndole
casarse con una sobrina suya. La solicitud fue conocida por Godoy y María
Luisa que vieron las conveniencia de deshacerse de Fernando: se habló de
un complot para envenenar a Carlos IV (que Fernando aseguraría falso) y se
encontraron cartas del heredero donde calificaba con términos veraces,
pero graves, a su padre y madre. De resultas fue aprisionado y se pensó
despojarlo de sus derechos al trono. Fernando, en un acto de servilismo,
pidió perdón a sus padres y a Godoy, y denunció a sus amigos.
La prisión de
Fernando, que era muy querido por el pueblo, produjo levantamientos
espontáneos en varias regiones de España: los campesinos del Guadarrama en
número de 10.000 se pusieron en la ruta del Escorial a Segovia creyendo
que el príncipe sería trasladado por allí. Estos hechos, y que Napoleón se
interesase, hicieron que fuese aceptado el perdón de Fernando.
Ocupado el norte
de España en el invierno de 1808, Napoleón hace saber a Godoy, invocando
la dubitativa conducta española antes de la batalla de Jena, que no
cumpliría el tratado de Fontainebleau y Portugal quedaría "bajo el control
de Francia"; exige también el matrimonio de Fernando con una sobrina suya,
hija de Luciano, príncipe de Canino, y la libre entrada de las
mercaderías francesas en los puertos hispanoamericanos. Godoy y Carlos IV,
muy débiles, aceptan cualquier cosa; pero los acontecimientos se
precipitaron y estas medidas no llegaron a cumplirse.
El motín de
Aranjuez (17 de marzo de 1808) y abdicación de Carlos IV.
La familia real y
Godoy pasaban la temporada de primavera en el palacio de Aranjuez. La
ocupación francesa tenía soliviantado los ánimos, especialmente del
pueblo. Algunos cortesanos tratan secretamente —parece que Godoy anduvo en
ello— la huida de la familia real a América con el apoyo inglés, como lo
había hecho la de Portugal.
Para calmar al
pueblo, Carlos IV da un manifiesto desde Aranjuez el 16 de marzo
explicando que "el ejército de mi querido aliado el emperador de los
franceses cruza mi reino con las más pacíficas y amistosas intenciones".
La noche del 17
de marzo estalla el llamado motín de Aranjuez.
Un hecho accidental,
como ocurre en estos casos, dará origen al tumulto. La población de
Aranjuez, como la de toda España, estaba en gran nerviosidad: corrían
rumores del asesinato de Femando, de una entrega total de Godoy a los
franceses, un confinamiento de los reyes, etc. La noche del 17 de marzo se
ve salir de los departamentos de Godoy un carruaje cerrado, y grupos de
pueblo se lanzan contra él creyendo en la fuga de los reyes (era en
realidad una amante del Príncipe de la Paz que salía de verlo); interviene
la guardia; se oyen tiros; se reúne mucha gente, que sin más empieza el
asalto a las habitaciones del favorito, revisándolas y saqueándolas sin
encontrar a nadie, pues Godoy se había ocultado en un desván. Exacerbada,
se presenta la muchedumbre ante las habitaciones reales y exigen la
presencia de Fernando, a quien aclama. El rey, asustado, firma la
destitución de Godoy.
A la mañana
siguiente, Godoy es reconocido al huir del desván: la multitud intenta
masacrarlo. Herido y golpeado es llevado ante los reyes. Carlos IV pide a
su hijo que salve al favorito del furor popular, y el mismo Godoy se
arrastra a los pies de Fernando. El príncipe, en un gesto de magnanimidad
que no tendría en otras ocasiones, salva la vida a Godoy. "¡Señores! —dice
al pueblo—, yo os respondo por este hombre: será procesado y castigado
como lo merece por la gravedad de sus faltas".
El furor popular
ha hecho víctima a Godoy, que queda destituido y aprisionado. Pero hay
otra víctima: el rey, que se encuentra sin apoyo y tremendamente
impopular. El 19, Carlos IV en presencia de sus cortesanos y ministros,
abdica en su hijo que pasa a ser Fernando VII Toda España celebra
jubilosamente el advenimiento del Deseado —como se le decía—, de
quien se esperaba el fin de los males y sobre todo el alejamiento de los
franceses.
La entrevista
de Bayona (mayo de 1808).
Apenas sabido el
motín de Aranjuez, Murat, que estaba en Castilla la Vieja con los
ejércitos ocupantes, cruza la sierra del Guadarrama y se acerca a Madrid.
La prensa francesa noticia la caída de Carlos IV diciendo que "el trono
español está vacante". Se anuncia la llegada de Napoleón, que iría a
Burgos a entrevistarse con Fernando. Carlos IV, instigado sin duda por
María Luisa, escribe secretamente a Murat el 21 de marzo que "se le
obligó" a renunciar la corona y "se echaba en brazos del grande monarca su
aliado (Napoleón) sometiéndose enteramente a la disposición de él, que es
el único que puede resolver su felicidad".
Fernando entra en
Madrid en medio de un gentío inmenso.
El nuevo rey era muy
popular, como lo expresa elocuentemente su sobrenombre el Deseado.
No debe verse solamente una oposición a Godoy y los escándalos familiares
de la Corte; la verdad es que Fernando, dejando sus defectos de carácter
aparte, era muy español en sus gustos. Tenía pasión por las corridas de
toros, que un decreto de Godoy, inspirado en el racionalismo, había
abolido "por contrarias a la agricultura y el comercio"; su vestimenta y
gustos eran españoles; le repelía el afrancesamiento que tuvieron sus
antecesores. Hubiera sido un gran rey si a esa inclinación nacional de sus
gustos, hubiese unido la hidalguía, generosidad y coraje del carácter
español.
A los pocos días
de hacerlo Fernando, entra Murat al frente de 19.000 granaderos. Napoleón
invita a Fernando, a quien no da tratamiento de rey, a entrevistarse en
Burgos; que luego difiere para la ciudad francesa de Bayona
por temor de las irrupciones populares. Hace llevar a Bayona —poco menos
que aprisionados— a Godoy, María Luisa y Carlos IV.
En Bayona, en
presencia del emperador, ocurren escenas lamentables: María Luisa pide el
patíbulo para su hijo, a quien llama bastardo; Carlos IV balbucea
que "se le arrancó" la abdicación que Fernando sostiene fue libre y
espontánea. Napoleón, arbitro de Europa, transige el 5 la disputa
familiar: Fernando declararía que la abdicación de su padre era nula: le
da tiempo hasta medianoche para hacerlo, bajo pena de considerarlo
"rebelde". A la madrugada del 6, Fernando firma el documento donde pide
perdón a su padre, y confirma que la abdicación no fue válida. El día
anterior, Carlos IV había renunciado a la corona de España en favor de
Napoleón, refrendado por la firma de Godoy, a cambio de una pensión
vitalicia y una residencia en Francia, pues no se atrevía a volver a
España. Napoleón, a su vez, pasará la corona a su hermano mayor José, en
ese entonces rey de Nápoles, a quien hace llamar con urgencia. El 7 de
junio estará José en Bayona, donde le es ofrecida la corona de España e
Indias por un "congreso español" reunido por Napoleón en esa ciudad.
José Bonaparte,
hombre de buen sentido, no quería el trono. Escribe a Napoleón "que nunca
sería rey verdadero contra la voluntad de su pueblo". Pero está obligado a
ir a Madrid. Fue —no hay duda— el monarca más capaz que tuvo España, pero
también el más odiado y calumniado. No obstante tener la vista perfecta de
todos los Bonaparte y beber solamente agua, se lo llamaría el tuerto
Pepe Botellas
El 2 de mayo
de 1808 en Madrid.
No había
finalizado la comedia de Bayona cuando estalló en Madrid la explosión
popular, seguida de una terrible represión, que incendiará a España como
una chispa a un polvorín.
El pueblo madrileño
estaba sobre ascuas por la partida de Fernando a Bayona y los actos de
prepotencia de los granaderos franceses — Murat fue agresivamente silbado
al desfilar el 1 de mayo—, cuando un incidente trivial servirá para
amotinarlo al día siguiente. Se vio que los infantes menores don Antonio y
don Francisco eran sacados del palacio real La muchedumbre, conducida por
un maestro cerrajero —José Molina Soriano—, a los gritos: "¡Traición! ¡Nos
han llevado al rey y ahora se llevan a los infantes! ¡Mueran los
franceses!", se lanzó sobre los coches, cortó sus tiros y arrolló la
guardia francesa. Murat ordenó ametrallar a la multitud. Poco después se
combatía en todos los barrios de Madrid: dos jóvenes capitanes —Daoiz y
Velarde— improvisan barricadas y dirigen la batalla. Se lucha por la
tarde, hasta que las barricadas caen a sangre y fuego. Todos los
prisioneros, y cuantos vecinos encuentren los franceses por las calles esa
tarde, serán fusilados a la noche y las siguientes en la Moncloa, el
Retiro, el Prado y la Montaña del Príncipe Pío (Goya ha inmortalizado los
fusilamientos de la Moncloa en un célebre cuadro).

Joaquín Murat
Al saberse los
tumultos de Madrid y su feroz represión, toda España contesta. El alcalde
del pueblo Móstoles (provincia de Madrid), Andrés Torrejón, declara
solemnemente "la guerra a Napoleón"; responde Extremadura, que forma una
Junta con representantes de sus ciudades. Inmediatamente siguen otras: la
Junta de Galicia manifiesta "haber reasumido la soberanía... declarándose
independiente del... gobierno de Madrid"; en Sevilla se proclama que "el
reino está repentinamente sin rey y sin gobierno... el pueblo reasume
legalmente el poder de crear un gobierno". Se forman juntas en Asturias,
Valencia, Granada, Mallorca, Álava, La Rioja y Murcia. Toda la parte no
ocupada por los franceses se levanta en la guerra de la
independencia española que durará de 1808 a 1813.
Bases
jurídicas del levantamiento español.
La formación
básica española era el municipio; pero éste había perdido su importancia
de los tiempos de la reconquista. Ahora, a falta de la monarquía, el poder
revierte a los ayuntamientos. Serán éstos quienes declaren la guerra a
Napoleón, incitados por el alcalde de Móstoles.
Las "Juntas" de
representantes de municipios existían en España antes del levantamiento de
1808: subsistían como cuerpos de otra época, a título puramente
honorífico. En Oviedo había una Junta de Asturias formada por diputados de
los municipios asturianos, que se reunía cada cuatro años solamente para
salir en procesión tras el estandarte del principado. Esa "junta"
honorífica se convirtió en 1808 en la Junta Suprema de Asturias y
dirigió la guerra contra Napoleón con las milicias y recursos de los
ayuntamientos. Lo mismo -- pasó con la fantasmal "Junta del Reino de
Galicia", transformada heroicamente en Junta Suprema Provincial de
Galicia.
Bailen (19 de
julio).
El ejército
reglado español reconoce a las juntas y a Fernando VII, uniéndose al
pueblo: junto con las milicias mal armadas forma los cuerpos de batalla,
mientras Zaragoza resiste el sitio de los franceses, y la Sierra Morena se
llena de guerrilleros que combaten en nombre de Fernando VII. Dupont entra
en Andalucía decidido a aplastar la tremenda insurrección del pueblo
español; los generales Castaños y Reding (suizo al servicio español), con
tropas armadas por los ayuntamientos de Sevilla y Granada, lo cercan en
Bailen el 19 de julio de 1808, y contra todo lo esperado los invencibles
granaderos franceses son derrotados por los improvisados guerreros
españoles. Más de dos mil muertos quedan en el campo de batalla.
En esta batalla se
bate con denuedo del lado español el capitán José de San Martín, del
regimiento de Murcia.
Los franceses se
ven obligados a levantar el sitio de Zaragoza, y José I abandona Madrid.
Poco después se instala en Aranjuez el 25 de setiembre la Suprema Junta
Central Gubernativa presidida por Floridablanca, que unificará la
lucha. |