"Existen
dos historias, como existen dos Argentinas: de un lado la minoritaria y
extranjerizante, del otro la popular y nacionalista" (José
María Rosa).
José María Rosa y el revisionismo popular
QUIEN QUIERA OIR, QUE OIGA
Album : Baglietto – Garré (1989)
(Mignona / Nebbia)
Juan Carlos Baglietto (Argentina)
Por Enrique Manson
El 20 de agosto de 2011 Pepe
Rosa cumpliría 105 años. Además, el 2 de julio, se cumplieron 30 de su
partida al Comando Celestial de los Grandes de la Patria.
Se suele decir que fue el creador del revisionismo
histórico o, con mejores razones, el gran divulgador de esa corriente que
denunciaba la falacia de la "historia oficial". Sería más apropiado
señalar que con él, la interpretación revisionista de nuestro pasado puso
al pueblo como protagonista principal.
José María Rosa fue, desde el primer momento, uno de los
principales representantes de esta corriente. Pero fue la experiencia
peronista, y su propio compromiso personal, lo que lo llevó al riesgo de
ser fusilado, y al exilio en Uruguay y España, donde completaría la
formación de su personalidad de historiador y de político.
Había nacido y se había criado en un ambiente que lo
destinaba a ser, como solía recordar, anti yrigoyenista – es decir
contrario a la corriente popular – y antifederal, lo que lo instalaría
entre los que abominaban de Don Juan Manuel de Rosas.
Su amor a nuestra historia y su profundo patriotismo lo
hicieron descubrir, en los años `30, al defensor de la soberanía, al héroe
de Obligado, al que no aflojó "un tranco de pollo" a los imperios y
mereció el sable de San Martín. Del que el propio Libertador nunca
había dudado "que nuestra patria tuviese que avergonzarse de ninguna
concesión humillante presidiendo usted sus destinos; por el contrario, más
bien he creído no tirase usted demasiado de la cuerda…cuando se trataba
del honor nacional." Un 17 de octubre se había encontrado con "mi gente
(la que) sentía la vida como yo, tenía mis valores, no se manejaba por
palabras sino por realidades: era el pueblo, era mi pueblo, era el pueblo
argentino... tantas veces mencionado en los programas de los partidos
políticos y en los editoriales de los diarios... No era una entelequia:
era algo real y vivo. Comprendí dónde estaba el nacionalismo. Me vi
multiplicado en mil caras, sentí la inmensa alegría de saber que no estaba
solo, que éramos muchos".
Y desde entonces marchó junto a ese pueblo. Comprendió que
se había cumplido la profecía de Fierro "Hasta que venga algún
criollo en esta tierra a mandar", y se abrazó a esa causa con el fervor
que lo llevaría a la cárcel, al exilio y a ser hombre de confianza de
Perón.
De su pluma inspirada nacieron los libros que formaron la
conciencia histórica de dos generaciones. Ya viejo, no se refugió en el
gabinete del intelectual, sino que dirigió la revista Línea
en la que llamó "pendejos" a los jueces de la dictadura,
aunque poniendo la expresión en boca del rey Alfonso el Sabio, y los tildó
de "subversivos y corruptos", lo que le valió una querella por injurias,
que le iniciaron Videla, Massera y Agosti.
No se atrevieron a desaparecerlo, pero así como se había
jugado la vida con Valle contra los fusiladores de 1956, seguía
poniéndose en la línea de fuego, cuando los dirigentes políticos actuaban
con comprensible prudencia, porque los castigos eran terribles.
Cuenta Alberto González Arzac, su abogado, que "íbamos a
las audiencias como quien va a la guerra... (lo recibía) un juez del
proceso que presentaba en todas sus paredes fotos de él codeándose con
almirantes, generales y brigadieres. ...Y ¿cuál era la reacción de Don
Pepe? ...no perdía el humor y decía `El gobierno del Partido Militar... A
mí me corría frío por la espalda y él ni se inmutaba... todavía
desaparecían personas... y ¡Don Pepe, con ese par de pelotas que tenía,
manifestándose allí de esa manera!" Ahora, cuando más vivimos los valores
que defendió, los hombres de la historia establecida lo quieren condenar
al peor castigo que puede sufrir un historiador: borrarlo de la memoria.
Pero si nuevamente han venido "un criollo, y una criolla –
antiguos discípulos suyos – en esta tierra a mandar" es hora de rescatar
aquel reconocimiento de 1969, que decía: "Los argentinos tenemos con usted
una inmensa deuda de gratitud, por habernos puesto en el verdadero camino
de la historia patria y habernos evitado la vergüenza de seguir
transitando entre falsedades e injusticias." Firmaba la carta Juan Perón