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Los
Pampas |
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A la llegada de los españoles, las
regiones de las llanuras bonaerenses estaban pobladas por los grupos
dispersos de los pampas o querandíes. Éstos fueron sus únicos
ocupantes hasta que los "malones" o incursiones guerreras de los
araucanos comenzaron a hostilizarlos y a barrerlos en diferentes
direcciones. Esta presión ejercida por las tribus araucanas más
belicosas, más numerosas y mejor armadas obligó a los propios pampas
a incursionar sobre los fortines de los blancos. Sus incursiones se
desarrollaban al Sur hasta el Río Negro, poniéndose en contacto con
las tribus de los patagones, con los cuales solían asociarse en sus
correrías. Hacia el Norte ocurrían hasta una zona imprecisa, que
acaso pudiera ser el Sur de la provincia de Santa Fe. El nombre de
"pampas" les era también concedido por los araucanos, pero los
patacones les llamaban "tonec". |
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Economía:
No eran agricultores sino recolectores, pero el fuerte de su
alimentación consistía en los productos de la caza del avestruz, al
que cazaban a caballo por medio de boleadoras. También comían carne
de las enormes manadas de caballos cimarrones que pastaban
libremente en esos territorios excepcionales para su prolificación.
Se alimentaban del ciervo, de la liebre, del tatuejo y de otros
pequeños animales regionales. |
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Vivienda:
Sus toldos consistían en tres palos del grueso de un puño hincados
en la tierra a cuatro pies de distancia el uno del otro. En del
medio, que era el más largo, medía una vara. Todos terminaban en una
horqueta u horquilla. A dos varas de ese conjunto plantaban otro
similar. Cada una de estas tiendas era ocupada por una familia. Sus
individuos se acostaban sobre pieles y siempre sobre la espalda.
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Vestido:
Sus ropajes participaban de la vestimenta de araucanos y patagones.
El ropaje masculino consistía en pieles preparadas por las mujeres o
en tejidos de lana que ellas realizaban en sus telares primitivos.
Las mujeres gustaban de adornarse con placas de cobre o pequeños
objetos de plata. Los hombres cifraban su orgullo en las prendas y
arreos, con adornos de plata para el caballo, así como en las
grandes espuelas que usaban. Hombres y mujeres lucían un peinado y
un adorno de los cabellos diferente. Ellos los dejaban crecer,
levantando todas las puntas hacia arriba y ciñéndolas con una
vincha. Ellas dividían sus cabellos al medio, haciendo dos gruesas
trenzas. No utilizaban tatuajes faciales, pero sí aros y collares. |
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Técnica:
Alfarería. En toda cuenca del Salado, con ramificaciones que por la
costa del Atlántico llegan hasta la zona del Delta inferior e Isla
de Martín García, una invariable característica tipológica en la
técnica de fabricación de su cerámica y una verdadera "unidad de
escuela". No se ha encontrado cerámica pintada, pero sí un
desarrollo grande de los motivos de decoración incisa. La poca
cantidad numérica de estos pobladores indígenas, su muy posible
preocupación de destruir la cerámica una vez utilizada, han impedido
la obtención de elementos numerosos de esa industria. Los restos
recogidos consisten en pequeños trozos, entre los cuales se señalan
dos tipos esenciales:
_ Una cerámica de grano y paredes gruesas, tosca y sin decoración.
_ Una cerámica que es la que presenta la decoración incisa, así como
los agujeros de sustentación cercanos a algunos bordes de las
piezas.
La arcilla empleada presenta a veces mezcla de cuarzo, mica o sílex
pulverizado.
Material de Piedra:
Lo típico de la cultura lítica pampeana son las bolas de boleadora,
así como algunos "sobadores" de pieles. El material más empleado
fueron las rocas duras, del tipo de la dorita y del granito,
provenientes de las sierras del Tandil y Olavarría.
Tejido,
Trabajos en madera y hueso: Los trajes tejidos por las mujeres
pampas eran hechos en telares rudimentarios construidos en madera.
Los instrumentos de hueso no eran de hallazgo muy frecuente. Se
utilizaban en conexión con el preparado y cosido de las pieles.
Organización Social, Familia,
Derecho: Sus caciques tomaban
el nombre de "ganac". Eran jefes militares pero no recibían
obediencia sino en la guerra. En la época de paz era jefe el mejor
de los oradores. Había también otros individuos que gozaban de
consideraciones especiales por su talento. Perspicacia y valor. Cada
uno de los caciques residía en un territorio propio, sólo se
coaligaban para hacer la guerra o para defenderse en causas de
interés común. La guerra era en forma de "malón". Combatían con
lanza, arco y flecha, boleadora. Su belicosidad se manifestaba no
sólo en el ardor para la guerra, sino también en los crueles duelos.
Religión:
Como los araucanos, creían en un genio maléfico llamado "gualichu o
arraken", que a veces se tornaba bienhechor, pero al que era
innecesario hacerle rogativas u ofrendas. Poseían
médicos-hechiceros, que gozaban de gran predicamento hasta después
de muertos, al creer en sus relaciones con "gualichu" y al poder
lograr su comparencia en cualquier momento. Sus curaciones se hacían
conjurándolo a presentarse y salvar al enfermo. Creían en la
inmortalidad del alma y practicaban ceremonias de entierro
estrechamente vinculadas con las de los araucanos, de los que habían
tomado el rito, la muerte y el entierro del caballo preferido sobre
la tumba. En ella colocaban elementos de ajuar funerario. Lloraban
al muerto por un día y le enterraban. Al que al año volvían a
desenterrarle y uno muy hábil lo descarnaba. Cubrían los huesos con
sus mejores ropas y hacían un banquete ritual poniendo los huesos en
unas "alforjas muy pintadas" finalmente los llevaban sobre un
caballo a una casa que hacían junto a las suyas.
Arte:
Las únicas manifestaciones artísticas que de ellos se conocen, son
algunas pictografías con motivos escalonados, cruces y círculos
concéntricos o estrellados que les son atribuidas.
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Querandí,
es la denominación que los guaraníes daban a la etnia también
conocida como pampas (pampas antiguos, anteriores al siglo XIX) ya
que en su dieta diaria consumían grasa de animal, significando
"hombres o gente con grasa". |
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El jesuita inglés Thomas Falkner
en su obra publicada en 1774, A description of Patagonia and the
adjoining parts of South America, subdividió a los pampas en tres
grandes parcialidades: taluhet, didiuhet y chechehet.
A la llegada de los europeos en el
s. XVI, el área aproximada de distribución (ya que al practicar un
modo de producción cazador-recolector no eran sedentarios) de los
het era la región pampeana al oeste del río Paraná. Esto es,
habitaban las actuales provincias argentinas de La Pampa, la mayor
parte de la provincia de Buenos Aires, el centro y sur de la
provincia de Santa Fe (especialmente al sur del Río
Tercero-Carcarañá), gran parte de la provincia de Córdoba (adaptados
ecológicamente al bioma de la Pampa templada, sus límites
septentrionales se encontraban en el ecotono con la región del Gran
Chaco -hacia los 31º de lat. Sud) y las penillanuras de las actuales
provincias de San Luis y Mendoza, aunque estas zonas del Cuyo
resultaban de más difícil habitabilidad debido a su grado de
continentalidad (extremos climáticos y falta de agua superficial). |
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Los
het
o querandíes estaban incluidos en el conjunto de los pámpidos y su
idioma parece haber formado parte de la familia lingüística pano.
Los querandíes ocuparon un área que va desde el sur de Santa Fe, por
el norte, hasta el pie de las Sierras Grandes, hacia el oeste y toda
el área norte de la provincia de Buenos Aires hasta el Río Salado
por el sur.
Los het que vivían en las costas
de los ríos Paraná y de la Plata son aquellos a los cuales les
corresponde más precisamente el apelativo querandíes dado que hacia
el s. XV habían recibido un importante influjo cultural guaraní. En
opinión de estudiosos como Rodolfo Casamiquela los het pueden
considerarse (como los charrúas) una de las etnias tehuelches o, lo
que es igual, patagones.
A la llegada de los europeos se
destacaban por ser grandes corredores (cazaban, o mejor dicho,
capturaban, a la carrera, venados pampeanos, ñandús, e incluso
guanacos), aunque para facilitar su actividad
venatoria habían inventado dos artefactos (uno que sería clásico en
Argentina): las boleadoras y la llamada por los españoles
piedra-perdida (boleadora más primitiva, consistente en una piedra
atada a una especie de cuerda realizada con cuero o tendones).
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Expedición de Pedro de Mendoza
El cronista de la expedición del
adelantado Pedro de Mendoza, Ulrico Schmidel, describió a los
querandíes en su obra Viaje al Río de la Plata, llamándolos
carendies:
En esta tierra dimos con un pueblo
en que estaba una nación de indios llamados carendies, como de 2.000
hombres con las mujeres e hijos, y su vestir era como el de los
zechurg, del ombligo a las rodillas; nos trajeron de comer, carne y
pescado. Estos carendies no tienen habitaciones propias, sino que
dan vueltas a la tierra, como los gitanos en nuestro país; y cuando
viajan en el verano suelen andarse más de 30 millas por tierra
enjuta sin hallar una gota de agua que poder beber. Si logran cazar
ciervos u otras piezas del campo, entonces se beben la sangre.
También hallan a veces una raíz que llaman cardes la que comen por
la sed. Se entiende que lo de beberse la sangre sólo se acostumbra
cuando les falta el agua o lo que la suple; porque de otra manera
tal vez tendrían que morir de sed.
Con la intención de someter a los
querandíes, Pedro de Mendoza organizó una expedición militar al
mando de su hermano, Diego de Mendoza,
que fue derrotada en las márgenes de
la Laguna de Rocha (Esteban Echeverría) el 15 de junio de 1536:
Estos carendies traían a nuestro
real y compartían con nosotros sus miserias de pescado y de carne
por 14 días sin faltar más que uno en que no vinieron. Entonces
nuestro general thonn Pietro Manthossa despachó un alcalde llamado
Johann Pabón, y él y 2 de a caballo se arrimaron a los tales
carendies, que se hallaban a 4 millas de nuestro real. Y cuando
llegaron adonde estaban los indios, acontecioles que salieron los 3
bien escarmentados, teniéndose que volver en seguida a nuestro real.
Pietro Manthossa, nuestro capitán,
luego que supo del hecho por boca del alcalde (quien con este objeto
había armado cierto alboroto en nuestro real), envió a Diego
Manthossa, su propio hermano, con 300 lanskenetes y 30 de a caballo
bien pertrechados: yo iba con ellos, y las órdenes eran bien
apretadas de tomar presos o matar a todos estos indios carendies y
de apoderarnos de su pueblo. Mas cuando nos acercamos a ellos había
ya unos 4.000 hombres, porque habían reunido a sus amigos.
Y cuando les llevamos el asalto se
defendieron con tanto brío que nos dieron harto que hacer en aquel
día. Mataron también a nuestro capitán thon Diego Manthossa y con él
a 6 hidalgos de a pie y de a caballo. De los nuestros cayeron unos
20 y de los de ellos como mil. Así, pues, se batieron tan
furiosamente que salimos nosotros bien escarmentados.
Ulrico Schmidel dio una
descripción de las armas usadas por los querandíes:
Estos carendies usan para la pelea
arcos, y unos dardes, especie de media lanza con punta de pedernal
en forma de trisulco. También emplean unas bolas de piedra
aseguradas a un cordel largo; son del tamaño de las balas de plomo
que usamos en Alemania. Con estas bolas enredan las patas del
caballo o del venado cuando lo corren y lo hacen caer. Fue también
con estas bolas que mataron a nuestro capitán y a los hidalgos, como
que lo vi yo con los ojos de esta cara, y a los de a pie los
voltearon con los dichos dardes.
Los sobrevivientes, se aliaron a
otros y destruyeron la recién fundada ciudad de Buenos Aires:
Por este tiempo los indios con
fuerza y gran poder nos atacaron a nosotros y a nuestra ciudad de
Bonas Ayers en número hasta de
23.000 hombres; constaban de cuatro naciones llamadas, carendies,
barenis, zechuruas, y zechenais diembus.
Desaparición
Posteriormente a la primera
fundación de Buenos Aires, los querandíes recurrieron al ganado
cimarrón, cazando, comiendo y domesticando caballos.
La población het fue diezmada a
fines de s. XVIII por epidemias como la de viruela en 1621,
introducida por tropas que arribaron de España al mando de Antonio
Mosquera, lo que facilitó la invasión mapuche de su territorio y su
rápida mapuchización a nivel cultural, razón por la cual es hoy muy
difícil encontrar rastros del idioma original de los het, o de
dialectos del mismo.
El 15 de septiembre de 1643, se
creó la Reducción Jesuítica de San Francisco Javier en la zona de
Luján, que fue abandonada por los indígenas a los pocos meses, al
declararse otra epidemia de viruela.
Creían en un gran dios al que
llamaban Soychu,
quien tenía un contendiente, espíritu del mal conocido como
Gualichu.
Según el "Movimiento Indio de la
Provincia de Buenos Aires", existen actualmente algunos
descendientes de querandíes en esta provincia. |
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