|
Los espías de Los Andes, durante
la campaña de San Martín
La campaña de los Andes que estaba
preparando San Martín en 1816 no se podía planear sobre la base de
ideas, había que manejarse sobre terreno seguro. Por eso mismo San
Martín contó con los profesionales del secreto, a fin de rastrear
pasos desconocidos en la cordillera que le permitieran una marcha
tranquila en su cruce de los Andes. No solamente esto, sino que los
espías le permitieron saber las claves militares del enemigo,
guardias y hasta el estado psicológico de los pueblos a los que iba
a liberar.
El propio gobierno de Buenos Aires
le recomendó a San Martín la utilización de espías. El Director
supremo Ignacio Álvarez Thomas le decía a San Martín el 10 de mayo
de 1815, que "en acuerdo de esta fecha he resuelto que los oficiales
D. Diego Guzmán y D. Ramón Picarte pasen al Estado de Chile con el
importante fin de promover en él la insurrección contra el gobierno
español, y que informen a usted de cuantas noticias crean
interesantes...”.
Este Diego Guzmán, bajo el
seudónimo de Víctor Gutiérrez, fue uno de los mejores agentes de San
Martín en Chile y logró enviar al Libertador una lista muy completa
de la tropa, armamento y disciplina del enemigo. También le pasaba
los nombres de los oficiales enemigos de mayor influencia, y el
panorama general de Chile, en cuanto a organización política.
Como no había muchos agentes
capacitados, San Martín adopto dos sistemas clásicos de
inteligencia: el celu-lar y el radial. Con el sistema celular podía
encarar operaciones en áreas grandes y flexibles, se utilizaba para
buscar información sobre el ejército hispano. El segundo sistema
sólo lo aplicaba para misiones muy especiales en lugares distantes o
de difícil acceso.
Un ejemplo del sistema radial son
las operaciones de Juan Pablo Ramírez, alias Antonio Astete; que
informó a San Martín sobre varios detalles de sumo interés sobre el
terreno donde se llevaría a cabo la batalla de Chacabuco.
El sistema celular o de células
fue el más usado y consistía en centros de espionaje divididos en
células, las cuales se situaban en las casas de patriotas chilenos
que tenían la confianza de los españoles. En ciudades como Santiago,
Coquimbo, Concepción, Talca y Curicó.
¿Quiénes eran?
Los agentes eran por lo general
emigrados chilenos, muchos de los cuales pertenecían a familias de
clase alta, y eran voluntarios en estos trabajos. Esto facilitaba la
infiltración.
Grandes espías fueron Manuel
Rodríguez, alias El Español o Alemán; Antonio Merino, alias El
Americano; Jorge Palacios, alias El Alfajor; y muchos más. Estos no
tuvieron un lugar en los manuales de historia, pero gracias a ellos
se llevó a cabo el gran cruce de los Andes con todo éxito.
Manuel Rodríguez fue tal vez el
mejor de los espías de San Martín; era abogado. En su desempeño como
espía se encargó de enviar informes sobre la formación y actividad
de los ejércitos hispanos, organizaba células de espionaje y
subversión. Su cabeza tenía precio, y bastante alto. Participó en la
batalla de Maipú; murió asesinado por un oficial español el 26 de
mayo de 1818.
Otro de los grandes agentes de San
Martín fue Domingo Pérez, el cual se encargaba, bajo la cobertura de
un hombre de negocios que viajaba entre Chile y Mendoza, de los
enlaces entre el mando de San Martín y las células infiltradas en
territorio enemigo.
El engaño
No sólo se organizaban redes de
espionaje con el fin de conseguir información, sino que también se
engañaba al enemigo, mediante señales e informaciones falsas. La
intriga política.
Un ejemplo curioso de la intriga
política, es el del Dr. Antonio Garfias. Éste, que era un agente
prorealista, El 23 de enero de 1816 se fuga de Buenos Aires. El
gobierno se enteró de que se dirigía a Chile. Los conocimientos que
tenía Garfias sobre el estado de las Provincias Unidas del Plata era
muy bueno, así que por eso el gobierno temió su divulgación. Por
carta se dan instrucciones a San Martín de que desprestigie a
Garfias en Chile mediante sus agentes. "Haga usted esparcir la voz
-dice el comunicado- por medio de sus agentes en Chile, de que este
individuo lleva comisión reservada de este gobierno y oportunamente
remita V. S. al mismo algunas cartas con instrucciones aparentes, a
fin de que caigan en manos de Osorio (el enemigo). Garfias arrojará
contra sí la presunción de ser americano y esta circunstancia puede
favorecer el proyecto...". No necesito aclarar qué pasó con el pobre
Garfias.
San Martín también enviaba
correspondencia falsa sobre sus propias informaciones. Esto se hacía
enviando correos, bajo la estricta orden de no resistirse ante el
enemigo, con planes falsos de invasión. De esta forma Marcó del
Pont, jefe español en Chile, dudó del lugar desde donde iba a llegar
la invasión del Ejército de los Andes, ya que muchos correos
capturados marcaban la parte sur de la cordillera como la mejor para
el cruce.
San Martín también utilizaba a los
indígenas para su campaña de informaciones falsas, ya que éstos
estaban en contacto con los españoles y eran incapaces de mantener
un secreto. Se les contaba detalles de los planes sabiendo que en
pocos días estarían a oídos de Marcó del Pont.
Dobles agentes y contraespionaje
También estaban los famosos
agentes dobles. Eran espías españoles que respondían al mando del
sacerdote hispano Francisco López, que era espía de Marcó del Pont.
Pero San Martín, cuidadosamente, los había dado vuelta, y les
mandaba escribir informes que él mismo redactaba. De esta forma
Marcó del Pont recibía cartas falsas a través de sus propios
agentes.
La seguridad y el contraespionaje
estaban bien cuidados por San Martín. Tenía todos los pasos a Chile
vigilados, y nadie entrar en Chile sin tener un salvoconducto
firmado por él. Logró detener y ubicar a muchos espías enemigos de
esta forma, entre ellos al célebre padre López.
Un caso de contraespionaje lo
tenemos en Miguel Castro, un sospechoso detenido en un puesto
avanzado de la cordillera. Castro se hacia pasar por minero, pero al
no poder justificar esa profesión, se lo mandó a Buenos Aires. Allí
fue interrogado y se constató que no era ningún minero. Los espías
eran casi todos voluntarios ad honorem, eran muy pocos los
mercenarios que lo hacían por dinero, la gran mayoría lo hacía por
puro patriotismo. De todos modos San Martín les mandaba dinero para
comprar soplones y para gastos. No se sabe si utilizaban códigos,
claves, cifrados o alguna otra forma de disimular el mensaje, pero
no sería extraño que lo hicieran. Los españoles lo hacían utilizaban
un sistema simple que consistía en remplazar las letras por números,
separando las palabras con comas, y poniendo puntos en cualquier
lado solo para despistar.
La correspondencia se llevaba por
medio de caballos y mulas, pero también existen pruebas de que
utilizaban palomas mensajeras: "...vuestra correspondencia ha de
continuar si no por esa vía será por los aires..." dice el agente
Segovia en una carta enviada a San Martín.
Los españoles también tenían
espías, y los utilizaban con abundancia. En 1814 Belgrano identificó
a uno, un tal Ramón quien se había hecho pasar por enfermo y había
conseguido un pasaporte firmado por el mismo creador de la bandera.
San Martín arrestó también a varios espías españoles.
Gracias a todos estos héroes
anónimos se evitaron muertes innecesarias, campañas fracasadas y el
predominio del poder español en estas latitudes.
Para saber más
Alonzo Piñeiro, Armando. La
historia argentina que muchos argentinos no conocen. Buenos Aires.
Depalma, 1992.
Cañás, Jaime. “Los espías de San
Martín”. En: Todo es Historia. Buenos Aires, N° 16, agosto de 1968 |